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Estas se suponían las mejores fiestas que Navas hubiera tenido jamás, y en vez de eso nos hemos encontrado con unas fiestas con un presupuesto miserable cortesía del Ayuntamiento de Hontoria (el mismo que celebra estas 7 fiestas al año »), y unas fiestas donde todo el mundo espera que llamen a su puerta para pedirle colaboración y donde las iniciativas brillan por su ausencia.

Parece mentira que a estas alturas de la vida tengamos que tararear las canciones a la virgen en la procesión porque a alguien se le ha olvidado contratar unos dulzaineros o porque ha agotado el dinero pagando actividades que ni van ni vienen. Parece mentira que los mozos del pueblo (con el dinero de los vecinos del pueblo) tengamos que pagar la mitad de las fiestas y que pongamos más dinero en un solo día de verbena que el ayuntamiento para los 4 días de fiestas. Podría parecer increíble el hecho de que cuatro personas pringuemos todo el año preparando las fiestas para que luego vengan los “turistas” a ver y participar sin arrimar el hombro, a plantarse en medio de los actos entorpeciendo las labores de aquellos que organizan las actividades, mejorando aún más la situación cuando se quejan de que algo no se ha llevado a cabo o no lo ha hecho como a ellos les hubiera gustado.

Podéis echar un vistazo al programa de fiestas y veréis que las actividades que paga el ayuntamiento son unas 6 (ni que decir tiene el chiste de que algún lumbreras contrate un Bob esponja sin anunciarlo y que el pobre hombre se tire la tarde buscando niños y se vaya sin encontrarlos). También os puedo decir que en los 11 años que llevo en este pueblo, estando empadronado aquí, todavía no he visto ni un duro de este ayuntamiento que dice que nos representa. Y también os puedo asegurar sin temor a equivocarme, que de las actividades que he organizado yo para estas fiestas, ninguna ha costado ni un céntimo. Presupuesto 0€.

Puedo seguir, después de gastar no pocas horas de mis vacaciones en Londres terminando un programa de fiestas del que nos hemos preocupado dos, el ayuntamiento de Hontoria (representado por el hasta hace unos días alcalde de Navas, Andrés Serrano), el mismo que prácticamente exige que se ponga su caldereta en el cartel de fiestas, la anula, y pega unas pegatinas blancas escritas a bolígrafo en el inmaculado cartel anunciando un concurso de tortillas, del que cuando llegues allí, sabrás que es solo para peñas y asociaciones. ¿Para qué vamos a preguntar cuando podemos hacer lo que nos da la gana?
Este señor, que hace unos días dimitió como alcalde de Navas, se ha pasado prácticamente todo el año “palabreando” y halagando, y cuando han llegado las tortas ha pedido y exigido, como si yo estuviera al servicio de nadie, o como si yo tuviera que regalar mi trabajo a una televisión que viene a hacer un publirreportaje. A usted le devuelvo la frase que me ha repetido a mi dos veces ya: “- Cuídate, que te veo mala cara”.

Vergüenza, es lo que debería tener mucha gente de este pueblo al venir aquí a que se lo den todo hecho. Vergüenza, la que deberíamos inculcarles a nuestros dirigentes, que vienen a poner cara bonita para la foto y a halagarte mientras no agradecen ni una pizca del trabajo de los demás. Vergüenza, la de todos aquellos que solo saben quejarse cada vez que te ven, día tras día, hagas lo que hagas. Vergüenza, para todos aquellos que piden la clausura de las peñas del pueblo pero que de jóvenes se cogían las cogorzas de sus vidas. Vergüenza, aunque sea mínima, la que deberíamos hacerles pasar a los que vienen al pueblo a mirar en vez de a colaborar y a los que nunca se cansan de pedir, y pedir, y pedir, pero nunca dan nada. Vergüenza, para aquel que después de ver que todos lo hacemos todo gratis exige cobrar, y más vergüenza si cabe, para aquel que decide pagarle, sabiendo que el resto no vamos a ver ni un duro. Vergüenza, para Hontoria del Pinar, por seguir celebrando una cantidad obscena de fiestas a lo largo del año y luego decir que no hay dinero. Aprendan a establecer mejor sus prioridades.

Nuestro coro y nuestro grupo de danzas se han dejado el bolsillo pagando comidas y alguna que otra actividad (y clases y dulzaineros los de danzas), los grupos se han dejado la piel ensayando y actuando, porque hay gente que está, literalmente, metida en todo, y siempre hemos aparecido con una sonrisa en la cara, encantados de lo que hacemos, y prácticamente nunca, hemos recibido nada que no venga de nosotros mismos, ni de la iglesia, ni del estado. Pero todo tiene un límite, al menos para mí. No espero estar empadronado ni un día más en un ayuntamiento que solo sabe mirar hacia su ombligo y que espera que se lo den todo hecho. Un ayuntamiento que unta a amigos y espera que el resto paguemos el alquiler con sus posados en las fotografías y con sus halagos ante el público. Un ayuntamiento que pide y pide pero no da nada. Y no pienso hacer nada más para la gente que viene aquí a mirar, para luego volver a su casa con toda la cara del mundo y decir que en su pueblo ha hecho lo que se ve en las fotos o vídeos, cuando el máximo esfuerzo que ha hecho ha sido caminar hasta el campito o el frontón, o emborracharse hasta olvidar cómo se llama.

Y voy a dejar para el final un párrafo de gracias. Gracias, para todos aquellos que se han molestado y sin que nadie les diga nada, han organizado actividades para los niños, verbenas, reuniones, fiestas, han recaudado dinero, para los que se han levantado a fregar y barrer la plaza, las calles, para los que han dejado sus cosas y para los que siempre tienen buenas palabras para todo. Y sobre todo gracias a los que lo habéis hecho sin “hacer presupuesto”. Exijamos nuestro dinero, o cobramos todos o ninguno. No quedan muchas personas como vosotros, y es por vosotros por lo que esto sigue funcionando, por lo que todos, y yo, seguimos aquí.

Para terminar os animo a buscar un cartel de fiestas de Hontoria del Pinar, y compararlo con uno de Navas (si sois capaces de encontrar uno de los 50 que se imprimieron, porque aquí, al autor del cartel no le han dado ni las gracias ni un cartel). Ahora pedidle al concejal Andrés o al alcalde de Hontoria que os repita la frasecita del año. “No hay dinero”, con los carteles en la mano, a ver si vosotros os la creéis.

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